Los ocho “banderazos” que hasta ahora hubo durante la pandemia supieron dejar postales imborrables y consolidaron la figura del “odiador serial”, sobre la cual corrieron ríos de tinta. Sin embargo, falta considerar un aspecto medular del fenómeno: la irrupción cada vez más orgánica de la ultraderecha en Argentina, y el giro “gradualista” del macrismo hacia dicho extremo.

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